Sin peajes, la AP-7 se ha convertido en un infierno. La solución pasa por límites de velocidad variables de 60 km/h
La AP-7 es la conocida como Autopista del Mediterráneo. Es un eje esencial para el tráfico español ya que permite circular sin interrupciones entre Tarragona y Alicante. Y si sumamos sus enlaces con otras carreteras, permite circular entre Francia y Cádiz. Una carretera, eso sí, que hasta 2021 estaba marcada por diversos peajes. Algunos tramos, de hecho, eran de los más caros de España.
La carretera, sin embargo, se libra de los peajes en 2021. Lo que era una reivindicación histórica en la zona pronto se convirtió en un problema. En su primer año, la carretera vio aumentar un 40% el tráfico de turismos y un 80% el de camiones, recogían en El País. El resultado evidente: más atascos, más accidentes… y más atascos en consecuencia.
Concretamente, solo el primer año la AP-7 concentró el 20% de los muertos en carretera de todo Cataluña. Una cifra que contrasta con la tendencia del resto del país donde los fallecidos en carretera se concentran en las vías secundarias. La nueva ruta gratuita, con Francia en un extremo y Barcelona a uno de sus lados, ha convertido la carretera en un desfile de vehículos de mercancías.
Y el problema es tal que desde entonces se están buscando soluciones. Primero con una reducción parcial de los límites de velocidad. Una actuación que ya llegó en 2022 y que sumó 82 kilómetros.
El siguiente paso es copiar a Europa.
Una solución a la europea
Desde entonces, la situación de la AP-7 no ha mejorado mucho. Aunque las cifras mortales se han ido reduciendo con el paso del tiempo, sólo en 2024 se contabilizaron más de 1.600 incidentes en la carretera.
La respuesta de los responsables de tráfico ha sido la de reducir la velocidad. ¿A cuánto? Dependerá de la meteorología y de la congestión del tráfico. Porque la propuesta pasa por una gestión cambiante de la velocidad máxima de la vía. Una solución que ya se aplica a otras carreteras en Europa y que puede reducir el límite máximo permitido hasta los 60 km/h.
La encargada de anunciar la medida fue la consellera de Interior, Núria Parlon. Señalan en El Periódico que este tramo de velocidad variable se extenderá durante 150 kilómetros entre Maçanet de la Selva (Girona) y El Vendrell (Tarragona). Para ello se implementarán paneles controlados por inteligencia artificial que limitará la velocidad del tráfico en función de las diferentes circunstancias que se estén dando.
La medida toma como referencia lo que sucede, por ejemplo, en las Autobahn alemanas. En estas carreteras no hay un límite de velocidad definido. De hecho, si las circunstancias acompañan, no hay límite de velocidad ninguno. Pero al caer la noche, cuando llueve o si hay obras en la carretera, los paneles muestran un límite de velocidad igual o inferior a 130 km/h.
El funcionamiento es exactamente el mismo que en las carreteras germanas pero el director del Servicio Catalán de Tráfico (SCT), Ramon Lamiel, ya avisa en una entrevista con EFE: se puede llegar a reducir la velocidad hasta 60 km/h en algunos puntos.
De momento, el proyecto está en fase de desarrollo por parte del Servei Català de Trànsit (SCT), quien tiene las competencias sobre las carreteras catalanas. En el segundo trimestre del año debería estar redactado para poder sacarlo a licitación. Explican en El País, que la intención es desplegar una reducción progresiva en la velocidad máxima antes de que el conductor se encuentre de golpe con un embotellamiento que le obligue a reducir la velocidad de forma mucho más drástica.
En declaraciones al diario, Lamiel insiste en que se reducirá la velocidad sólo en los tramos más congestionados ya que creen que el aumento en la siniestralidad viene derivado de un mayor volumen de tráfico y no de la peligrosidad de la vía. Además, señala que ya propusieron esta medida para extenderla a nivel nacional por las carreteras que son competencia de la DGT pero que se desestimó su propuesta.
Lo cierto es que la teoría dice que cuando circulamos más despacio se reducen los atascos. Los atascos son una suma de errores. Cuando circulamos a una velocidad inferior, el tiempo para paliar los errores es mayor y éstos se reducen. Es una cuestión de efectividad y no tanto de velocidad. El tráfico circula más despacio pero fluye. Si circulamos demasiado rápido, las frenadas son más bruscas, cuesta más recuperar una velocidad sostenida y, poco a poco, los terminamos por atascar la carretera.
Foto | Enric en Wikimedia
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Sin peajes, la AP-7 se ha convertido en un infierno. La solución pasa por límites de velocidad variables de 60 km/h
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Xataka
por
Alberto de la Torre
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