No sabía que el debut de Antonio Banderas en el cine fue como chico Almodóvar en un triángulo amoroso gay de bajo presupuesto
La movida madrileña de la década de los 80, se dio cuando España se encontraba en plena efervescencia cultural tras el fin del franquismo, donde surgió una nueva ola de cineastas que desafiaban los convencionalismos y apostaban por una narrativa transgresora y provocadora. Entre ellos, Pedro Almodóvar se convirtió en el gran estandarte del cine independiente español, y uno de los rostros que marcaría su filmografía para siempre fue la de Antonio Banderas.
En 1982, un joven Antonio Banderas, que por aquel entonces tenía solo 22 años, pero debutó en la gran pantalla con ‘Laberinto de pasiones‘, un filme de bajo presupuesto dirigido por Almodóvar, pero cuya película se convirtió en el inicio de una relación cinematográfica que marcaría la carrera de ambos.
En ella, Banderas interpretaba a Sadec, un joven islámico homosexual que se ve envuelto en un complicado triángulo amoroso con el personaje de Riza, un príncipe exiliado, y con una cantante ninfómana interpretada por Cecilia Roth.
El filme, que se inscribía dentro de la llamada Movida Madrileña, era una mezcla de melodrama y comedia absurda que desafiaba todas las normas narrativas y sociales del momento, sin embargo, la naturalidad con la que Almodóvar retrataba las relaciones homosexuales y la identidad sexual en un país que aún estaba despertando a la libertad, hicieron de ‘Laberinto de pasiones’ más que una obra vanguardista para la época: le aseguró a banderas un papel que lo lanzó al estrellato.
Un papel que lo lanzó al estrellato
Aunque su rol en la película no era protagónico, la presencia de Antonio Banderas no pasó desapercibida. Su atractivo físico y su intensidad interpretativa captaron la atención del público y de la crítica, convirtiéndolo en un actor a seguir. Para Banderas, quien hasta entonces solo había trabajado en teatro, esta oportunidad representó la entrada en una industria que lo catapultaría a la fama internacional.
Sobre el primer acercamiento del actor con el mundo del cine, recuerda que «a Almodóvar lo conocí en la puerta del Café Gijón. Estaba tomando un café con los actores antes de entrar a la función que teníamos en el Maria Guerrero y llegó un chico con un maletín rojo, un tipo muy divertido que estuvo con nosotros charlando, y en el momento de irse, y me dice: ‘tú tienes una cara muy romántica y deberías hacer cine'».
El vínculo entre el actor y el director se fortaleció con el tiempo, y Banderas participaría en varias de las películas más emblemáticas de Almodóvar de los años ochenta, cuatro cintas seguidas, específicamente, como lo fueron ‘Matador’ (1986), ‘La ley del deseo‘ (1987), ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios‘ (1988) y ‘¡Átame!’ (1989), que lo consolidaron con un estatus como el chico Almodóvar por excelencia, un sello que lo acompañaría incluso cuando dio el salto a Hollywood en los años 90.
Actualmente, ‘Laberinto de pasiones’ sigue siendo recordada como una película clave en la historia del cine español. No solo por su audaz representación de la sexualidad y su espíritu irreverente, sino también porque significó el punto de partida para la carrera de uno de los actores españoles más reconocidos en el mundo, que pasó de encarnar a un amante gay en una película underground, a convertirse en una estrella internacional con títulos como ‘La máscara del Zorro’, recordándonos que todo comenzó en un Madrid vibrante y desinhibido de los años 80 gracias al legado del cine de un gran director.
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No sabía que el debut de Antonio Banderas en el cine fue como chico Almodóvar en un triángulo amoroso gay de bajo presupuesto
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Joel Calata
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